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¿Qué es el 5G y en qué se diferencia del 4G?

El 5G es la quinta generación de redes móviles, que la UIT define como IMT-2020. Qué cambia en velocidad, latencia y frecuencias respecto al 4G y qué dice la OMS sobre la salud.

Redacción Curious Mundi · 4 de noviembre de 2026

Ilustración de una antena de telefonía que emite ondas, junto a cinco barras de señal crecientes, con edificios al fondo.

El 5G es la quinta generación de redes de telefonía móvil, que la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) llama IMT-2020. Frente al 4G, se diseñó para tres cosas: transmitir datos mucho más rápido, responder con mucho menos retardo y conectar muchísimos más aparatos a la vez, usando también frecuencias más altas.

¿De dónde viene la idea de generaciones?

Cada generación de telefonía móvil corresponde a un conjunto de requisitos internacionales que define el sector de radiocomunicaciones de la UIT. En su nomenclatura, el 3G es IMT-2000, el 4G es IMT-Advanced y el 5G es IMT-2020. La UIT empezó a trabajar en el IMT-2020 en 2012, fijó los requisitos de rendimiento en 2016 y 2017 y publicó las especificaciones detalladas de las interfaces radioeléctricas en febrero de 2021, en la Recomendación UIT-R M.2150.

Es decir, el 5G no es una marca ni una única tecnología, sino una vara de medir: cualquier tecnología que cumpla los requisitos puede reconocerse como IMT-2020. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las redes 5G empezaron a desplegarse a gran escala en 2019.

¿Qué debería hacer mejor el 5G que el 4G?

La UIT organizó el 5G en torno a tres escenarios de uso, cada uno con una prioridad distinta:

  • banda ancha móvil mejorada: más velocidad para vídeo, juegos y descargas;
  • comunicaciones ultrafiables de baja latencia: respuestas casi instantáneas para usos como el control remoto de máquinas;
  • comunicaciones masivas entre máquinas: muchísimos sensores y aparatos sencillos conectados en la misma zona.

Cada escenario tiene metas mínimas, presentadas en un taller de la UIT sobre los requisitos del IMT-2020. Son valores que una tecnología debe alcanzar en las pruebas de evaluación para considerarse 5G, no la velocidad que verá cada persona en su teléfono. La velocidad real depende del operador, de la banda de frecuencia, de la distancia a la antena y de cuánta gente use la red.

Requisito mínimo del IMT-2020Valor
Velocidad máxima de descarga20 Gbit/s
Velocidad máxima de subida10 Gbit/s
Velocidad percibida por el usuario en zona urbana densa (descarga)100 Mbit/s
Latencia para banda ancha4 milisegundos
Latencia para comunicaciones ultrafiables1 milisegundo
Densidad de conexiones1 millón de aparatos por km²

¿Qué es la latencia y por qué importa?

La latencia es el tiempo que tarda un dato en ir del aparato a la red. Para ver un vídeo, unos milisegundos de más no se notan, porque el contenido puede cargarse por adelantado. Pero cuando una máquina tiene que reaccionar a una orden, o en un juego en tiempo real, cada retardo cuenta. Por eso la UIT reservó un escenario entero, con una meta de 1 milisegundo, para comunicaciones que necesitan una respuesta casi inmediata.

¿Qué frecuencias usa el 5G?

Según la OMS, el 5G lleva las redes móviles a frecuencias más altas, desde unos 3,5 GHz hasta algunas decenas de gigahercios. Esas bandas son nuevas para la telefonía móvil, pero ya se usaban en radioenlaces punto a punto y en escáneres corporales de seguridad. Para la banda ancha más rápida, la UIT estudió bandas entre 24,25 y 86 GHz. El 5G también usa más estaciones base y antenas que dirigen la señal hacia el aparato en uso en lugar de repartirla en todas direcciones.

Compartir el espectro siempre exige planificación, porque señales en bandas cercanas pueden estorbarse; un ejemplo doméstico conocido es por qué el microondas interfiere con el wifi.

¿El 5G es malo para la salud?

Es una duda comprensible ante una tecnología nueva y antenas nuevas en la calle. La respuesta de la OMS es que, tras mucha investigación, ningún efecto adverso para la salud se ha vinculado de forma causal a la exposición a las tecnologías inalámbricas. La propia organización reconoce que todavía hay pocos estudios hechos específicamente en las frecuencias del 5G y afirma que sigue revisando la evidencia.

El principal efecto conocido de las ondas de radio sobre el cuerpo es el calentamiento de los tejidos, el mismo principio que usa el horno de microondas con mucha más potencia y dentro de una caja cerrada, como se explica en si el microondas calienta de adentro hacia afuera. Con los niveles de exposición actuales, según la OMS, el aumento de temperatura es insignificante. En las frecuencias más altas, la energía penetra menos y se absorbe más cerca de la superficie, en la piel y los ojos. En torno a 3,5 GHz, la exposición de las antenas 5G es similar a la de las estaciones base que ya existían.

¿Quién fija los límites de exposición?

Los límites de exposición que siguen muchos países proceden de la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante (ICNIRP) y del IEEE. No son específicos de ninguna tecnología y cubren frecuencias de hasta 300 GHz, incluidas las del 5G. Si la exposición total se mantiene dentro de esas directrices, la OMS no espera consecuencias para la salud pública.

La investigación sobre los teléfonos en general apunta en la misma dirección. Una revisión encargada por la OMS y publicada en 2024 examinó más de 5.000 estudios e incluyó 63 en su análisis final; según la agencia australiana de protección radiológica, no encontró asociación entre el uso del móvil y los cánceres de cabeza. Esa revisión trató sobre los teléfonos, no específicamente sobre las redes 5G, y por eso la OMS sigue atenta a nuevas pruebas. Curiosamente, entre los usos que la OMS espera del 5G figuran servicios de salud a distancia, como la telemedicina, la monitorización remota de pacientes e incluso la cirugía a distancia, justo el tipo de tarea de baja latencia para la que se diseñó la red.

Fuentes

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