¿Cómo pueden los búhos girar tanto la cabeza? El secreto está en el cuello
Con los ojos fijos en las órbitas, búhos y lechuzas tienen que girar la cabeza entera. Un estudio de Johns Hopkins mostró cómo su cuello mantiene la sangre circulando.

Los búhos y las lechuzas pueden girar la cabeza hasta unos 270 grados hacia cada lado gracias a sus 14 vértebras cervicales y a unos vasos sanguíneos adaptados para no estrangularse durante el giro. Lo necesitan porque sus ojos están fijos en las órbitas: para mirar hacia otro lado, tienen que mover la cabeza entera.
¿Por qué necesitan girar tanto la cabeza?
Los ojos de estas aves, que en español llamamos búhos, lechuzas, autillos o cárabos según la especie, son grandes en relación con el cráneo y tienen forma de tubo, una adaptación ligada a la visión nocturna. El precio es que no se mueven dentro de las órbitas como los de las personas y otros mamíferos. Para mirar arriba, abajo o a los lados, no tienen otra opción que girar la cabeza.
Esos movimientos también sirven para cazar. Al girar y ladear la cabeza, el ave compara lo que ve desde distintos ángulos, lo que le ayuda a ubicar una presa y a formarse una imagen de su entorno. Halcones y otras aves con ojos fijos usan movimientos parecidos.
Conviene desmontar un mito: ningún búho da una vuelta completa de 360 grados. El límite ronda los 270 grados en cada dirección, suficiente para mirar por encima del hombro y detrás de la espalda. Como comparación, la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Illinois calcula que una persona típica gira la cabeza entre 160 y 180 grados.
¿El problema son los huesos o la sangre?
El cuello de un búho tiene 14 vértebras, pero el gran enigma nunca fue la flexibilidad de los huesos, sino la circulación. Las arterias que llevan sangre al cerebro y a los ojos pasan justo por el cuello, y retorcer un tubo lleno de sangre suele ser una pésima idea para cualquier animal.
En los seres humanos, las arterias carótidas y vertebrales son bastante frágiles. Los movimientos bruscos de la cabeza y el cuello, como el latigazo cervical en un choque de coche, pueden dañar su revestimiento interno y provocar coágulos y un ictus. Las arterias de los búhos también son delicadas. ¿Cómo soportan entonces giros tan grandes?
¿Qué descubrió la Universidad Johns Hopkins en 2013?
Un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, encabezado por el ilustrador médico Fabian de Kok-Mercado y el neurorradiólogo Philippe Gailloud, examinó una docena de búhos nivales, cárabos norteamericanos y búhos cornudos que habían muerto por causas naturales. Inyectaron contraste en los vasos y usaron tomografía y angiografía para seguir el recorrido de la sangre. Estas fueron las adaptaciones principales:
- Canales óseos amplios: en 12 de las 14 vértebras, los orificios por los que pasa la arteria vertebral tienen un diámetro unas diez veces mayor que el de la arteria, con bolsas de aire que amortiguan el movimiento.
- Entrada más alta: la arteria vertebral entra en el cuello a la altura de la vértebra 12, y no de la 14 como en otras aves, lo que le da más holgura.
- Reservorios de sangre: en la base de la cabeza, justo debajo de la mandíbula, los vasos se dilatan y acumulan sangre para abastecer al cerebro y a los ojos durante el giro. En las personas, en cambio, las arterias tienden a estrecharse a medida que se ramifican.
- Puentes entre arterias: pequeñas conexiones entre las carótidas y las vertebrales, llamadas anastomosis, permiten que la sangre cambie de ruta si un vaso queda comprimido.
El trabajo se presentó como un póster científico ilustrado que ganó la categoría de pósteres y gráficos del Desafío Internacional de Visualización en Ciencia e Ingeniería de 2012, organizado por la Fundación Nacional de Ciencias de EE. UU., y fue destacado en la revista Science en febrero de 2013. Es una descripción anatómica de pocos ejemplares, no un experimento con aves vivas, pero ayudó a explicar cómo su circulación resiste el giro.
¿Qué nos dice esto sobre el cuello humano?
Los propios investigadores señalaron que las personas carecemos de la mayoría de estas protecciones. Por eso el búho no es un modelo a imitar: las torsiones extremas o las manipulaciones bruscas de la cabeza son peligrosas precisamente porque nuestras arterias no tienen holguras, colchones de aire ni reservorios equivalentes.
Cada animal resuelve sus límites a su manera. Los gatos giran el cuerpo en dos partes para caer de pie, mientras que el búho deja el cuerpo quieto y gira solo la cabeza. Y, como otras rapaces, también se enfrenta a peligros creados por nosotros, como muestra la física de por qué los pájaros no se electrocutan en los cables eléctricos y de cuándo, por desgracia, sí lo hacen.
Esa cabeza que parece dar media vuelta sin esfuerzo esconde un cuello lleno de holguras, bolsas de aire y desvíos de emergencia para la sangre. Ingeniería fina al servicio de unos ojos que, sencillamente, no pueden moverse.


