Piel de gallina: por qué se nos eriza la piel con el frío, el miedo y la música
Pequeños músculos unidos a cada vello se contraen y levantan la piel. Es una herencia de cuando nuestros ancestros tenían pelaje, y el mismo reflejo aparece con emociones fuertes, como al escuchar una canción conmovedora.

Un viento helado, un ruido extraño en la oscuridad o el estribillo justo de una canción: situaciones muy distintas pueden ponernos la piel de gallina. Los vellos se erizan y aparecen pequeños bultos, como si la piel se hubiera vuelto la de un ave desplumada. Detrás hay un reflejo antiguo que hoy nos sirve de poco, pero que sigue muy ligado a nuestras emociones.
Un músculo diminuto en cada vello
Cada folículo piloso tiene unido un músculo microscópico llamado músculo erector del pelo. Lo controla el sistema nervioso simpático, la parte del sistema nervioso autónomo que prepara al cuerpo para situaciones de alerta. Cuando los nervios liberan noradrenalina, el músculo se contrae, tira del vello hacia arriba y eleva la piel de alrededor. El resultado es la piel de gallina, que los médicos llaman piloerección.
Una herencia de los tiempos del pelaje
En los mamíferos de pelaje denso, erizar el pelo tiene dos usos claros. Con frío, los pelos levantados atrapan una capa de aire que funciona como aislante térmico. Ante una amenaza, el animal parece más grande, como el perro que eriza el pelo del lomo o el chimpancé que hace lo mismo cuando tiene miedo o está agresivo. Como los humanos tenemos poco vello corporal, el reflejo casi no nos protege, y por eso se considera vestigial, un resto evolutivo.
Eso no significa que la estructura sea inútil. En 2020, el equipo de la investigadora Ya-Chieh Hsu, de la Universidad de Harvard, mostró en la revista Cell, en estudios con ratones, que el músculo erector y los nervios simpáticos forman un entorno que regula las células madre del folículo e influye en el crecimiento del pelo. La idea de que el frío estimularía por esa vía un pelaje más espeso sigue siendo una hipótesis, y los resultados se obtuvieron en animales, no en personas.
Frío, sustos y emoción
Como el sistema simpático se activa en muchos tipos de alerta, la piel de gallina aparece en situaciones muy diferentes entre sí:
- Frío: la respuesta más básica, ligada a conservar el calor.
- Miedo o sobresalto: el mismo sistema que acelera el corazón eriza el vello.
- Emociones intensas: una escena de película, un discurso, un recuerdo o un logro importante.
- Música: un tipo de escalofrío tan estudiado que tiene nombre propio, frisson.
El frisson: escalofríos con música
Mucha gente siente un hormigueo que sube por la nuca y baja por la espalda, a menudo con piel de gallina, en ciertos pasajes de una canción. En 2001, Anne Blood y Robert Zatorre, de la Universidad McGill, en Canadá, usaron tomografía por emisión de positrones para observar el cerebro de voluntarios que escuchaban música elegida por ellos mismos. A medida que los escalofríos se intensificaban, cambiaba la actividad en regiones ligadas a la recompensa y la emoción, como el estriado ventral, la amígdala y la corteza orbitofrontal.
En 2011, Valorie Salimpoor y sus colegas, también de McGill, mostraron en la revista Nature Neuroscience que esos momentos liberan dopamina, la misma sustancia asociada a otras recompensas. Curiosamente, una región llamada núcleo caudado se activaba más durante la anticipación del pasaje clave, mientras que el núcleo accumbens respondía en el punto máximo de la emoción. Es decir, la expectativa también forma parte del placer.
Por qué no todo el mundo lo siente
Las estimaciones de cuántas personas sienten frisson varían mucho entre estudios, de alrededor del 55 % al 86 %. Las investigaciones lo han asociado con el rasgo de personalidad llamado apertura a la experiencia. Un estudio de Matthew Sachs y sus colegas, publicado en 2016 con solo 20 participantes, encontró en quienes sienten escalofríos con la música más conexiones de sustancia blanca entre regiones auditivas y áreas ligadas a la emoción, como la ínsula. Como la muestra es pequeña, el resultado es una pista, no una conclusión.
En resumen, la piel de gallina es un reflejo heredado de ancestros peludos: un músculo diminuto levanta cada vello cuando el sistema nervioso se pone en alerta. A nosotros nos sirve de poco contra el frío, pero se ha convertido en una señal visible de emoción. Los escalofríos acompañados de fiebre o malestar, en cambio, son otra historia y conviene que los evalúe un profesional de la salud.


