Huellas dactilares: cómo se forman en el útero y por qué son únicas
Las huellas dactilares quedan definidas antes del nacimiento y ni siquiera los gemelos idénticos las comparten. Descubre cómo se forman las crestas y qué hace único a cada patrón.

Tus huellas dactilares estaban listas antes de que nacieras, y ni siquiera un gemelo idéntico tendría las mismas. Las pequeñas crestas de la punta de los dedos se forman en el útero, durante la primera mitad del embarazo, y acompañan a la persona toda la vida. Entender cómo ocurre explica por qué incluso personas con el mismo ADN dejan huellas diferentes.
Cómo se forman las huellas en el útero
Alrededor de la semana 10 de gestación, el feto tiene pequeñas almohadillas elevadas en la punta de los dedos, en las palmas y en las plantas de los pies, llamadas almohadillas volares. A partir de entonces dejan de crecer y se van absorbiendo a medida que la mano se desarrolla. Es en ese periodo cuando empiezan a aparecer las crestas de la piel que forman las huellas.
Las fechas exactas varían un poco según la fuente. En general se describe que las crestas comienzan a formarse a partir de unas 10 semanas y que el patrón queda definido hacia la semana 17, aproximadamente a la mitad del embarazo. Algunas referencias sitúan la formación del patrón entre las semanas 13 y 19.
Un estudio publicado en 2023 en la revista Cell, con participación de investigadores de la Universidad de Edimburgo, ayudó a aclarar el mecanismo. Las crestas surgen como ondas que se extienden desde algunos puntos iniciales en la punta del dedo. Tres moléculas señalizadoras, llamadas WNT, EDAR y BMP, interactúan en un tipo de patrón descrito matemáticamente por Alan Turing en la década de 1950, conocido como sistema de reacción y difusión. Dónde empiezan esas ondas y cómo se encuentran define el diseño final.
Arcos, presillas y verticilos
La forma general de la huella está relacionada con el tamaño de la almohadilla volar cuando empiezan a aparecer las crestas. La explicación más aceptada lo resume así:
| Patrón | Aspecto | Almohadilla volar al formarse las crestas |
|---|---|---|
| Verticilo | Círculos o espirales alrededor de un centro | Todavía prominente |
| Presilla | Líneas que entran por un lado, se curvan y salen por el mismo lado | Moderadamente prominente |
| Arco | Líneas que atraviesan el dedo formando una onda | Casi plana |
Como el momento en que las almohadillas retroceden está influido por los genes, el tipo de patrón suele repetirse en las familias. Pero el tipo de patrón por sí solo no permite identificar a nadie.
Qué hace única a cada huella
La identificación depende de los detalles finos, llamados minucias: puntos donde una cresta termina, se divide en dos o se une a otra. Estos detalles no se heredan. Resultan de la interacción entre los genes y el entorno dentro del útero, influida por factores como:
- La velocidad de crecimiento de las capas de la piel y de los dedos.
- La forma y el tamaño de los vasos sanguíneos de la zona.
- La posición del feto en el útero y el contacto con el líquido amniótico.
- Diferencias de nutrición, presión arterial y longitud del cordón umbilical.
Pequeñas variaciones en estos factores cambian dónde empiezan las ondas de crestas, con qué ángulo avanzan y cómo se encuentran. El resultado es una disposición que, en la práctica, nunca se repite, ni siquiera entre los diez dedos de una misma persona.
¿Y los gemelos idénticos?
Los gemelos idénticos provienen del mismo óvulo fecundado y comparten prácticamente el mismo ADN. Por eso, sus huellas suelen parecerse mucho en el patrón general, con tipos similares de presillas, verticilos y arcos. Aun así, las minucias son diferentes. Cada gemelo ocupa su propia posición en el útero, recibe un flujo sanguíneo algo distinto y crece a su propio ritmo, y eso basta para que las crestas se organicen de otra manera. Un perito puede distinguir las huellas de dos gemelos idénticos.
Existe además una condición genética poco común, la adermatoglifia, en la que la persona nace sin crestas en las yemas de los dedos, las palmas y las plantas. Está asociada a alteraciones en el gen SMARCAD1 y se ha identificado en pocas familias en el mundo, lo que muestra que, aunque los detalles sean aleatorios, la capacidad de formar crestas depende de los genes.
En resumen, las huellas dactilares son un retrato de unos pocos meses de vida en el útero: los genes aportan el boceto y el azar del entorno completa los detalles. Esa combinación es la que hace única a cada huella y explica por qué incluso los gemelos idénticos pueden distinguirse por la punta de los dedos.


