La historia del tenedor: de objeto escandaloso a imprescindible en la mesa
El tenedor de mesa llegó de Bizancio, fue condenado como vanidad en la Italia medieval y tardó siglos en extenderse por Europa. Qué es hecho y qué es leyenda en su historia.

Hoy parece imposible poner la mesa sin tenedor. Sin embargo, durante buena parte de la historia europea, comer con él se veía como una cursilería, una afectación o incluso una señal de vanidad pecaminosa. El cuchillo y los dedos bastaban. El camino del tenedor, de objeto extraño a imprescindible, llevó casi mil años y pasa por Bizancio, Venecia, la Italia renacentista y las cortes de Francia e Inglaterra.
Tenedores antiguos, pero no en la mesa
Los objetos con forma de tenedor son muy antiguos. En China se han hallado tenedores de hueso en yacimientos de la cultura Qijia, de hacia 2400 a 1900 a. C., y de la dinastía Shang. En el antiguo Egipto, los tenedores grandes se usaban en la cocina. Los romanos tenían tenedores de bronce y de plata. En general, sin embargo, eran herramientas para cocinar, servir o sujetar la carne mientras se cortaba, no cubiertos para llevarse la comida a la boca.
Bizancio y el tenedor personal
El tenedor de mesa individual probablemente se afianzó en el Imperio romano de Oriente, el Imperio bizantino, con capital en Constantinopla. Las fuentes no coinciden en la fecha: algunas hablan de un uso común ya en el siglo IV, mientras que otras lo describen como frecuente entre los ricos entre los siglos X y XIII. Desde el mundo bizantino, la costumbre se extendió por Oriente Medio.
La princesa bizantina en Venecia
El episodio más famoso de esta historia ocurre en Venecia, ciudad con fuertes lazos con Constantinopla. En 1004, la noble bizantina María Argyropoulina, hermana del futuro emperador Romano III, se casó con Giovanni Orseolo, hijo del dux Pietro II Orseolo. Décadas después, hacia 1059, el cardenal Pedro Damián escribió sobre la esposa de un dux a quien los criados le cortaban la comida; ella luego se la llevaba a la boca con un pequeño instrumento de oro de dos puntas. Para él era un ejemplo de lujo excesivo, y presentó su muerte temprana como un castigo divino.
Este relato debe leerse con cautela. Pedro Damián era un moralista que usaba el caso como lección, no un cronista neutral. Además, no menciona el nombre de la princesa. Cronistas venecianos posteriores atribuyeron la historia a otra bizantina, Teodora Ducas, esposa del dux Domenico Selvo desde la década de 1070, versión repetida en muchos libros. Los historiadores modernos consideran más probable que el texto se refiera a María Argyropoulina. Por eso, la escena se entiende mejor como un relato tradicional que refleja el choque cultural entre Oriente y Occidente, y no como la fecha exacta en que el tenedor llegó a Europa.
Una adopción lenta en Europa
En Italia, el tenedor ganó terreno poco a poco desde el siglo XI, impulsado por el comercio con Oriente y, según algunos autores, por la popularidad de la pasta. Se volvió común hacia el siglo XIV y, para 1600, era casi universal entre comerciantes y familias ricas. En Francia, la tradición dice que llegó en 1533 con Catalina de Médici, que se casó con el futuro rey Enrique II, pero esa atribución se discute. En cualquier caso, los franceses también tardaron en aceptarlo.
Inglaterra se resistió todavía más. El viajero Thomas Coryat recorrió Italia en 1608 y, en su libro de 1611, describió la costumbre italiana de comer con tenedor. Adoptó el hábito y hasta lo apodaron Furcifer, palabra latina que puede significar portador de horquilla o bribón. Durante mucho tiempo, los ingleses vieron el tenedor como una afectación extranjera y poco varonil. En el resto de Europa, incluida Gran Bretaña, su uso solo se generalizó en el siglo XVIII.
De dos a cuatro puntas
| Época | Forma | Observación |
|---|---|---|
| Antigüedad y Edad Media | Dos puntas largas y rectas | Buenas para pinchar, malas para alimentos pequeños |
| Finales del siglo XVII, Francia | Cuatro puntas levemente curvas | Se caía menos comida y el tenedor servía como cuchara |
| Principios del siglo XIX | Cuatro puntas | La forma se vuelve estándar en Europa y América del Norte |
Los primeros tenedores de mesa imitaban a los de cocina, con dos puntas largas y separadas. Servían para pinchar la carne, pero los trozos pequeños se escapaban entre ellas. Más puntas, más cortas y con una leve curvatura resolvieron el problema y permitieron usar el tenedor también para recoger la comida. Ese diseño, que se consolidó a principios del siglo XIX, es básicamente el que usamos hoy.
La historia del tenedor muestra que los objetos cotidianos también dependen de costumbres, religión y estatus. Lo que hoy parece sencillo tardó siglos en dejar de ser un escándalo. Y conviene recordar que, en buena parte del mundo, los palillos o las propias manos siguen siendo la forma más tradicional de comer, y el tenedor es solo una de las soluciones posibles.


