Cómo se limpiaban los dientes antes del cepillo moderno
Ramitas para masticar, polvos de ceniza y conchas, cepillos chinos de cerda de cerdo y, recién en 1938, las cerdas de nailon. Así evolucionó la limpieza dental.

Cepillarse con un cepillo de mango plástico y cerdas de nailon es un hábito reciente, de menos de cien años. Pero la preocupación por tener dientes limpios y buen aliento es muy antigua. Antes del cepillo moderno, la gente usó ramitas, polvos abrasivos, paños y, más tarde, cepillos con cerdas de animales. Así evolucionó esta historia, con las fechas que las fuentes confirman y las que todavía generan desacuerdo.
Ramitas para masticar: el cepillo más antiguo
La primera herramienta fue una simple ramita. Al masticar uno de los extremos, las fibras de la madera se deshilachaban hasta formar una especie de pincel que se frotaba contra los dientes. Según recopilaciones históricas, las ramitas para masticar más antiguas que se conocen provienen de Sumer, en el sur de Mesopotamia, hacia el 3500 a. C. También se halló una en una tumba egipcia de alrededor del 3000 a. C., y los romanos usaban varillas con la punta deshilachada.
El ejemplo más conocido que sigue en uso es el miswak, o siwak, hecho por lo general del árbol Salvadora persica. Se usa desde hace siglos en Oriente Medio, el sur de Asia y partes de África, y tiene una importancia especial en la tradición islámica. La Organización Mundial de la Salud recomendó su uso en 1986, pero un consenso internacional sobre higiene bucal publicado en 2000 concluyó que hacían falta más investigaciones para confirmar sus efectos. Quien quiera usarlo debería consultarlo con un dentista antes de dejar el cepillo.
Polvos, cenizas y conchas
Además del instrumento, estaba lo que se ponía en él. Los antiguos mezclaban sustancias abrasivas para raspar la suciedad y otras para perfumar el aliento. Los ingredientes variaban mucho según la época y el lugar.
- Antiguo Egipto: polvos con ceniza de pezuñas de buey, mirra, cáscara de huevo quemada y piedra pómez, según relatos históricos.
- Griegos y romanos: huesos y conchas de ostra triturados, carbón en polvo y corteza de árbol, con aromatizantes.
- Papiro egipcio del siglo IV d. C., guardado en la Biblioteca Nacional de Austria: una receta con sal gema, menta, flor de iris seca y pimienta.
- Europa medieval y moderna: palillos de pluma, plata o cobre después de comer y paños ásperos para frotar los dientes.
El cepillo de cerdas nace en China
El cepillo con cerdas fijadas a un mango, parecido al actual, surgió en China, pero la fecha es motivo de debate. Algunas fuentes lo sitúan en la dinastía Tang, entre 619 y 907. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos habla de 1498. También hay un registro de 1223: el monje japonés Dogen describió a monjes chinos limpiándose los dientes con cepillos de crin de caballo. El consenso es que los chinos usaban cerdas duras de cerdo fijadas a mangos de bambú o hueso.
La novedad llegó a Europa y se difundió en el siglo XVII. Los europeos solían preferir la crin de caballo, más suave que la cerda de cerdo. El registro escrito más antiguo de la palabra toothbrush, en inglés, es de 1690.
William Addis y la producción en masa
El giro industrial tiene un protagonista curioso. Hacia 1770, el inglés William Addis fue encarcelado, acusado de participar en un disturbio. Según el relato tradicional, en la cárcel hizo agujeros en un trozo de hueso, pasó por ellos mechones de cerdas y los sujetó con alambre. Al salir abrió un negocio y, hacia 1780, empezó a fabricar cepillos en grandes cantidades. En Estados Unidos, la primera patente de cepillo de dientes se otorgó a H. N. Wadsworth en 1857.
El nailon lo cambia todo
Hasta los años treinta, las cerdas seguían siendo de origen animal, y los mangos, de hueso, madera o, desde finales del siglo XIX, de celuloide. Con la guerra entre China y Japón, a partir de 1937, el suministro de cerdas de cerdo se vio afectado. En ese contexto aparecieron las cerdas de nailon, el material recién creado por una empresa química estadounidense: el primer cepillo con ellas salió a la venta en 1938. Las nuevas cerdas eran más resistentes y eficaces que el pelo animal.
El hábito diario también tardó en asentarse. En Estados Unidos, por ejemplo, el cepillado regular se popularizó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados volvieron a casa con las rutinas de higiene aprendidas en el ejército.
El cepillo moderno es el resultado de miles de años de ensayo y error: de la ramita deshilachada a la cerda de cerdo y, por último, al nailon. Hoy, las recomendaciones de salud bucal suelen incluir cepillarse dos veces al día con pasta dental con flúor y cambiar el cepillo cuando las cerdas están gastadas. Para recibir indicaciones adecuadas a tu caso, consulta a un dentista.


