¿Por qué los aviones dejan una estela blanca en el cielo?
La estela de los aviones es una nube de cristales de hielo formada por el vapor de agua de los motores en el aire helado de la altitud de crucero. La humedad decide cuánto dura.

La estela blanca de los aviones es una nube estrecha de cristales de hielo, llamada estela de condensación. El vapor de agua caliente de los motores choca con el aire helado de la altitud de crucero, se condensa y se congela casi al instante. No es humo ni un químico: es una nube creada por el avión.
¿De dónde sale el agua que forma la estela?
Del propio combustible. Cuando el queroseno de aviación se quema, sus dos productos principales son dióxido de carbono y vapor de agua. Según una ficha técnica de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA), elaborada con la EPA y la NOAA, los gases de escape de un reactor tienen cerca de un 71 % de dióxido de carbono y un 28 % de vapor de agua. Menos del 1 % son otros productos, como óxidos de azufre y de nitrógeno, monóxido de carbono, hidrocarburos sin quemar y hollín.
La Agencia Estatal de Meteorología de España (AEMET) explica que, con un perfil típico de invierno en latitudes medias, las estelas son posibles por encima de unos 7 km de altura y prácticamente seguras a algo más de 9 km. Allí el aire puede bajar a unos 57 °C bajo cero. Al mezclarse con él, el vapor del motor se condensa en gotitas que se congelan en cristales de hielo, como el vaho de la boca en un día frío, pero en condiciones mucho más extremas.
La estela es blanca por la misma razón que las nubes: los cristales son demasiado grandes para el tipo de dispersión que vuelve azul el cielo y desvían todos los colores de la luz de forma parecida. Son parientes de los cristales de hielo que pueblan la parte alta de las nubes de tormenta, donde ayudan a separar las cargas que producen los rayos.
¿Por qué unas estelas desaparecen enseguida y otras duran horas?
Todo depende de la humedad a esa altura, que puede ser muy distinta de la que notamos en el suelo. Si el aire está seco, los cristales vuelven a ser vapor en poco tiempo. Si está húmedo, sobreviven e incluso pueden crecer. La AEMET y la FAA distinguen tres tipos:
- De vida corta: se forman con poca humedad y desaparecen casi al paso del avión, en segundos o minutos.
- Persistentes que no se extienden: aparecen con humedad alta y pueden durar horas sin crecer, conservando la forma de línea.
- Persistentes que se extienden: con humedad muy cercana a la saturación, duran horas o días y, empujadas por el viento y la turbulencia, se ensanchan hasta parecer cirros.
Si el aire está demasiado cálido o seco, no se forma ninguna estela. Por eso dos aviones que cruzan el cielo el mismo día pueden dejar rastros muy distintos: basta con que vuelen a altitudes con diferente humedad. En algunos corredores aéreos muy transitados, la FAA estima que la nubosidad ha aumentado hasta un 20 % por las estelas persistentes.
¿Y los llamados chemtrails?
Es comprensible que un cielo lleno de líneas que se ensanchan y duran toda la tarde llame la atención, y circula mucho la idea de que serían sustancias químicas lanzadas a propósito, los llamados chemtrails. La pregunta merece una respuesta seria, y la hay: las diferencias entre una estela y otra se explican por la humedad y el viento a la altura del vuelo.
La AEMET recuerda que, de todo lo que emiten los motores, solo el vapor de agua es relevante para formar la estela. La ficha de la FAA añade que una estela persistente no indica que el avión haya liberado sustancias nocivas y que el combustible de aviación no lleva compuestos metálicos, porque los metales disueltos pondrían en riesgo el funcionamiento de los motores.
En 2016, un estudio publicado en la revista Environmental Research Letters consultó a 77 científicos expertos en estelas de condensación y en la deposición de polvo y contaminación. De ellos, 76 dijeron no haber encontrado nunca pruebas de un programa secreto de fumigación a gran escala. Según la AEMET, el único restante mencionó niveles altos de bario en una zona remota como el único dato que no sabía explicar.
Entonces, ¿las estelas no tienen ningún efecto?
Sí lo tienen, y ahí está la preocupación real. Como cualquier nube alta y delgada, las estelas persistentes pueden retener parte del calor que emite la Tierra. La AEMET calcula que la aviación aporta entre un 3 % y un 4 % del impacto humano sobre el cambio climático, por el efecto invernadero y no por ninguna fumigación.
La próxima vez que un avión trace una línea en el cielo, fíjate cuánto aguanta. Si se borra detrás de la cola, el aire allá arriba está seco; si se queda y se ensancha, a varios kilómetros sobre ti hay una capa húmeda y helada que hasta ese momento era invisible.


